También participó en algunas conferencias y mesas de debate. En uno de los foros, Miguel Ángel Alonso, Director de ALSA, habló sobre el afán de su compañía por “ser pionera en descarbonización”. Sin embargo, indicaba que también hay que encontrar el equilibrio entre la sostenibilidad medioambiental y la económica. “La transición verde tiene un coste”, decía.
De su flota de alrededor de 4.500 autobuses, 1.200 son urbanos. Su experiencia con más de 100 autobuses eléctricos en los últimos 6 años (98 de baterías y 2 de hidrógeno), indican que podría evolucionar a este tipo de propulsión el 60% de su flota para servicios urbanos porque el TCO es positivo. Sin embargo, no todas sus líneas pueden realizarse en eléctrico. Las autonomías permiten recorrer unos 250 Km, pero también hay que tener en cuenta los tiempos de recarga y las infraestructuras necesarias.
Afirmó que, aunque apuestan por el hidrógeno para las medias y largas distancias en el futuro, al probar la electromovilidad han visto que se trata de un ecosistema totalmente diferente al habitual. Por ello, soluciones como el biogás o el HVO podrían permitir dar un paso hacia la neutralidad de emisiones de manera rápida, sin cambios estructurales en las operativas.
También habló sobre el descenso de precio de los vehículos de propulsión de hidrógeno y de la necesidad de apoyo económico y estabilidad de éste para que los operadores puedan invertir sin miedo.