La asociación de empresas de transporte público urbano y metropolitano ATUC ha elaborado un documento marco de referencia para ayudar a los ayuntamientos en el diseño de las paradas de autobús con criterios de accesibilidad universal, toda vez que más de 4 millones de españoles tienen algún tipo de discapacidad, según el INE, a lo que hay que sumar un porcentaje creciente de población mayor de 65 años, que ya alcanza el 20% en nuestro país.
La accesibilidad empieza fuera del autobús
Este documento ha sido elaborado por ATUC junto con Alsa, Donostiako Tranbia Konpainia / Compañía del Tranvía de San Sebastián, Empresa Malagueña de Transportes, Empresa Municipal de Transportes de Madrid, Empresa Municipal de Transports Urbans de Palma, Empresa Sagalés y Transports Metropolitans de Barcelona; y parte de una premisa a menudo olvidada, que la accesibilidad al transporte público no se ciñe al vehículo, sino que empieza en el espacio donde se espera, se accede y se sale del autobús.
Cuestión de espacio
Una de las directrices que señala ATUC es que tiene que haber suficiente espacio en la parada, de modo que el mínimo debería estar en 2,20 metros, siendo recomendable llegar incluso a los 2,50 metros, dimensiones que facilitan el movimiento de personas usuarias de sillas de ruedas, andadores o cochecitos infantiles.
Además, indica, es vital mantener despejada la parada, evitando la presencia de farolas, papeleras, señales o cualquier otro elemento que dificulte la circulación de los peatones o la aproximación del autobús al bordillo.
Por otro lado, la ubicación y configuración de la parada condicionan directamente la facilidad con la que los viajeros pueden subir y bajar del vehículo. En este sentido, las paradas deben situarse en tramos rectos y con poca pendiente para favorecer una correcta aproximación del autobús al bordillo. A su vez, la acera debe tener una altura adecuada para minimizar la separación entre el vehículo y la parada y facilitar el despliegue de las rampas de acceso.
La marquesina
En cuanto a la marquesina, debe entenderse como un espacio de protección, descanso y accesibilidad, no únicamente como un refugio frente a la lluvia. Por ello, debe diseñarse sin invadir el itinerario peatonal y reservar un espacio libre donde pueda girar una silla de ruedas, con un diámetro mínimo de 1,50 metros. Del mismo modo, debe mantenerse despejada la zona situada frente a las puertas accesibles del autobús para facilitar el embarque.
Tampoco pueden faltar bancos con respaldo y reposabrazos, incorporar apoyos isquiáticos para personas con dificultades para permanecer de pie, además de garantizar una iluminación suficiente que incremente la comodidad y seguridad de los usuarios.
Aspectos como los indicados, aunque puedan parecer obvios, no siempre están presentes en las paradas de bus, constatando así que en ocasiones esta infraestructura queda relegada a un segundo plano en el diseño del espacio urbano, cuando en realidad son beneficiosas ya no sólo para personas con algún tipo de discapacidad, sino para cualquier usuario.
Orientarse e informarse con facilidad
Una parada accesible debe ser fácilmente identificable y comprensible para todos los usuarios. Por ello, la instalación de pavimentos podotáctiles permite a las personas con discapacidad visual localizar el punto de espera y orientarse hasta la zona de embarque. Asimismo, las franjas de color contrastado junto al bordillo contribuyen a delimitar claramente el espacio reservado al autobús.
En aquellas paradas situadas junto a carriles bici, también deben adaptarse soluciones que permitan diferenciar ambos itinerarios y mejorar la seguridad de peatones y ciclistas.
Por último, la accesibilidad también depende de que cualquier persona pueda consultar fácilmente la información del servicio. Por este motivo, las paradas deben incorporar información clara y actualizada sobre líneas, horarios y recorridos mediante tipografías legibles, lectura fácil y un elevado contraste entre el texto y el fondo.
Todo ello complementado con sistemas en Braille y relieve, dispositivos sonoros activados bajo demanda para personas con discapacidad visual y pantallas electrónicas que cumplan criterios de tamaño, visibilidad y contraste.
Jesús Herrero, secretario general de ATUC:
“La accesibilidad no puede resolverse únicamente mediante la instalación de mobiliario adaptado. Para conseguir una red de transporte público verdaderamente inclusiva, la parada debe concebirse como una infraestructura urbana esencial y planificarse desde el inicio de cualquier actuación sobre el espacio público”.
Imagen: TMB